Emprender con Serendipity

Hace unos dos años, con el motivo de la publicación de mi primer libro Serendipity: ¿por qué algunos tienen éxito y otros no? (Alienta editorial), publiqué un artículo en la revista Emprendedores. Al ser imposible de recuperar por link dejo aquí el texto:

Emprender con Serendipity

¿Por qué algunas empresas triunfan y otras no? Esa es, por supuesto, la pregunta del millón que todo el emprendedor se ha hecho o se debería hacer al menos una vez en su vida. Aunque existen cientos de manuales que hablan sobre las claves que tratan de engrasar tu empresa para que funcione a las mil maravillas, parece que nadie o casi nadie ha reparado en la fuerza y el valor del poder de lo inesperado, es decir, la capacidad para hacer descubrimientos felices y afortunados de manera fortuita.

A eso le llamamos Serendipity.

Productos básicos que podemos encontrar en la mesa de cualquiera como el Post – it o el Tippex, alimentos tan populares como el Donuts, las cookies o el cucurucho, inventos tan útiles como el rayo láser o el velcro, medicamentos como la penicilina o drogas alucinógenas como el LSD, fueron descubiertos gracias a la Serendipity. Entonces, ¿por qué no  aprovechar este fenómeno a la hora de emprender? Muchos son los emprendedores que han sacado su genial idea gracias a un pequeño accidente inesperado. Un error de búsqueda en Google, un problema con el coche o quedarse sin entradas para una ópera, pueden ser estímulos suficientes para crear nuestra propia suerte ya que gracias a esas eventualidades podemos conectar con algo con lo que antes, sencillamente, no percibíamos. El quid está en conseguir una actitud de búsqueda a la vez que nos planteamos un objetivo ya que el que nada busca nada encuentra. La magia de la serendipity reside en que sea lo que sea que estamos buscando encontraremos algo mucho mejor. Y si no que se lo digan a emprendedores como Enrique Sacristán, que al casi quedarse sin entradas para una ópera en Viena se le ocurrió montar una empresa que gestionará la asistencia a conciertos por toda Europa; o a Félix Tena, que debido al éxito que tenía traer juguetes de China a su hijo se le ocurrió crear una empresa como Imaginarium.

Un error de cálculo, un debate divertido con unos amigos o incluso un sueño provocador, pueden ser la clave definitiva que nos señale de dónde debemos extraer esa idea que, o bien iniciará nuestra empresa o bien la modificará buscando siempre la mejora continua tan necesaria en los negocios de hoy en día.

En definitiva, la serendipity nos acerca un poquito más a esa sempiterna pregunta de ¿por qué algunos tienen éxito y otros no?

 

 

 

 

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